Aunque parezca inaudito la mayor cantidad de casos de maltrato infantil, nacen, crecen y se reproducen al interior de nuestros hogares. Es un hecho estadístico que la mayor cantidad de víctimas menores de edad provienen del descontrol emocional de los padres y familiares del menor.
En un solo país de Latinoamérica en el 2.010, se reportaron 13.731 casos de maltrato intrafamiliar, sin tener en cuenta todos los eventos que no fueron conocidos por las autoridades competentes.
Definitivamente la intolerancia puede llevarnos a los sitios mas oscuros del alma, y apartarnos para siempre de la razón y la esperanza.
Todo lo que produzca el desborde de las emociones y restrinja el control de nuestros sentimientos, puede terminar en actos violentos que nunca quisimos introducir en nuestras vidas.
Si pudiéramos controlar todos los comentarios, las acciones, las omisiones y las palabras que pueden producir maltrato infantil en nuestros hijos, no seriamos padres sino seres perfectos con control total de nuestras actuaciones.
El fortalecimiento de los lazos entre padres e hijos, es el camino correcto hacia la construcción de relaciones armoniosas que permitan que nuestros hijos afronten con seguridad u autonomía, las etapas de descubrimiento, resolución de preguntas y comprensión de sus temores.
Tras siglos de maltrato infantil nuestra sociedad al fín logró lo que nunca se imaginó, una generación de niños maltratadores de adultos que surgen de la pobreza, el abandono y el abuso, como “ángeles vengadores” destruyendo a su paso los valores y principios establecidos.
Cuando un hombre decide golpear, agredir psicológicamente o maltratar sexualmente a su pareja, esta abriendo las puertas de su hogar a 50 ó 70 años de fracaso y frustración.